Probamos el Nissan Juke Turbo 2017
11/12/2016 Reportes de Manejo

Probamos el Nissan Juke Turbo 2017

Nissan es una marca que siempre ha hecho hincapié en la innovación. Y esta la ha hecho desde todos los frentes. Es el caso del Juke, un auto cuyo diseño, aún pasado algunos años desde su lanzamiento, sigue siendo muy rupturista.

Corría el año 2009 y Nissan, tras el éxito del Qashqai como inicio de lo que sería la conducta de migración del segmento pasajeros al de crossovers, pensó que podría capitalizar el mismo efecto en el segmento B, mucho más juvenil. Así nació el Qazana Concept, un auto que causo expectación, por su diseño audaz y proporciones exóticas. Y en realidad la expectación fue más, cuando Nissan señaló que este auto seria realidad.

Al año siguiente, Nissan develó al Juke, modelo que mantenía casi todos los rasgos del conceptual, hasta la consola intermedia con forma de estanque de moto, o el sistema integrado de climatizador/computador a bordo. Y para que hablar de su performance, comprendiendo entre su oferta, un poderoso motor Turbo de 180 caballos asociado a un sistema 4WD.

Dos años tuvieron que pasar para que el Juke pisara nuestras calles, el 2012. Nissan tuvo la valentía de lanzarlo en Chile, país conocido por ser muy conservador, con resultados más que esperables. El público no estaba preparado y la respuesta fue tibia, versus el furor que causó en Europa.

Sin embargo, es 2016 y el Juke, con un solo facelift encima, reajustes en sus precios y mejoras en su equipamiento, sigue aquí, aun luciendo como un auto del futuro y que de a poco pareciese mejorar sus ventas. Ad portas de recibir al Nissan Kicks, modelo que se “hermanará” con el Juke en el segmento B de los crossovers, revisamos una de sus últimas versiones. ¿Qué tal ha envejecido? ¿Siempre quisiste uno, pero tenías muchas dudas? ¿Anda o no anda el modelo deportivo? Te lo vamos a contar.

Características técnicas y mecánicas

Las dimensiones no han cambiado en el Juke, con un largo de 4,135 mm, un alto de 1,565 mm, un ancho sin espejos de 1,765 mm y una batalla de 2,530 mm. Tiene un despeje al piso de 182 mm y ángulos de ataque y salida de 23 y 26 grados respectivamente. Una buena referencia es el Kia Soul, también un “bicho raro” en el segmento y que es marginalmente más grande que el Juke en todos sus aspectos, pero sin el despeje de crossover.

No es un auto excesivamente voluminoso y en esos 2,530 mm de batalla se sientan bien a 5 ocupantes (ojalá no muy altos atrás). Lo que hace que se vea grande es su diseño en general, abiertamente agresivo y exuberante. Pasos de rueda enormes, pequeños grupos ópticos de diseño tridimensional que sobresalen de la carrocería, poco cristal, la manilla trasera escondida en el pilar C -estilo Pathfinder- para un perfil tipo coupé y los focos principales delanteros, los que parecen proyectores auxiliares para un toque más agresivo. Todo llama la atención y si bien a mí me gusta, a muchos de ustedes sabemos que no. Los cambios que notaras con respecto al Juke original se remiten a parachoques nuevos, colores nuevos y un conjunto óptico que comprende iluminación LED, entre lo más memorable.

De las versiones que se ofrecen en Chile, probamos el modelo tope de línea (Exclusive CVT Turbo 4WD) impulsado por un motor MR16DDT con inyección directa de alta presión (DIG-T), el que entrega 188 Hp a las 5600 RPM y 240 Nm de torque entre las 2000 y 5200 RPM. Su consumo homologado es de 10,2 km/l en ciudad, 13,3 km/l en régimen mixto y 16,4 km/l en carretera, cifras que se condicen casi calcadas a las que obtuvimos nosotros. Este motor se acopla a una transmisión CVT con modo manual, que emula 7 velocidades y un sistema de tracción con torque vectoring, el que comentaremos más adelante.

Confort y Habitabilidad

Al adentrarnos en el Juke, lo primero que llama la atención es la consola central tipo “estanque de moto”, en color grafito brillante, si bien sabemos que se puede combinar con los bordes de los aireadores en el color del exterior, opción que claramente pocos chilenos escogerán por su idiosincrasia conservadora en lo estético. La posición al volante es extraña, alta, de tipo SUV donde puedes ver como sobresale en cada esquina los focos delanteros y el capot alto. Esta posición es agradable y nos empodera bastante en la conducción, pero afecta un poco en la ergonomía y también la sensación de deportividad, generándonos cierta sensación de “inestabilidad virtual”.

El equipamiento es abundante (6 Airbags, control de estabilidad, kit eléctrico completo, Bluetooth, encendido automático de luces y parabrisas, cuero, botón de encendido, etc.), si bien carece de varias cosas que ya son norma en los autos de estos últimos años y eso tiene que ver con que al Juke, así como el 370Z y el March que probamos, le pesan los años. Un computador a bordo más funcional, un sistema multimedia con pantalla táctil en lugar de la radio del March, techo panorámico, sensor y cámara de retroceso o sunroof. El armado, si es muy bueno y el diseño, nada que decir, pero hay algunos materiales (como botones sacados de modelos más económicos o paneles muy toscos y brillantes) que francamente no se nos ocurre como llegaron a un auto de 17 millones de pesos.

El maletero es pequeño, con 251 litros, extensibles a más de 800 litros con los asientos plegados. En el modelo con tracción delantera, es más, puesto que el suelo debe ser elevado para albergar el diferencial trasero. Los asientos traseros son algo rígidos y si bien tienen espacio considerable para tras adultos, la caída del techo no lo hace muy amistoso para los más altos. Los asientos delanteros son más cómodos, pero también se perciben poco mullidos; le echamos la culpa a la tapicería de cuero.

No hemos hablado de lo importante, el sistema i-Con, unidad tecnológica que deriva directamente del conceptual original, donde una pantalla a color (pequeña eso sí) comprende todas las funciones del climatizador, pero con el toque de un botón cambia automáticamente al modo de administración dinámica, que permite seleccionar tres modos de manejo y revisar graficas de performance, consumo, fuerza G, etc. Es muy completo y singular, pero de operación poco intuitiva y de manejo poco ergonómico, por su pequeña pantalla, que nos hace alejar la vista del camino.

Impresión de manejo

El Juke es un auto que trata de hacer muchas cosas y no en todas es tan bueno como quisiéramos. Comenzando con la dirección, esta es de asistencia eléctrica, bastante directa y competente, pero un poco aislada, sensación ya clásica si hablamos de un crossover relativamente moderno y con este tipo de dirección. Los frenos también aguantan bien, con cierto cabeceo, pero competentes para el peso del auto, de 1.3 a 1.4 toneladas.

La suspensión es extraña en su seteo, puesto que se siente algo áspera en el tren delantero y lo contrario en el tren trasero, quizás para demostrar que para el conductor el tacto debe ser más firme y deportivo, sin que los ocupantes traseros sufran mucho.

El motor brilla por su elasticidad y recuperaciones. Sumado a la versatilidad que le dan los tres modos de manejo (Eco, Normal, Sport) hacen de esta planta un lujo, complementado por la buena aislación general del auto; muy europeo y en el buen sentido de la palabra. El modo Eco nos permite circular casi sin ningún problema por la ciudad, no se echa de menos absolutamente nada, todo muy suave y cómodo. Por otro lado, el modo Sport levanta las revoluciones y entrega una potencia espectacular, liberando las restricciones en la caja y el acelerador.

Eso sí, lamentamos no poder disfrutar mucho este motor, por como la CVT filtra la entrega de aceleración, haciéndola más progresiva. Es un auto en el que no te das cuenta lo rápido que vas, hasta que ves el velocímetro. Sumado a la posición de manejo, más alta, nos sentimos desconectados de que podría ser un potencial hot-hatch disfrazado de crossover. Tanto así, que a ratos los 180 Hp no se sienten como tal.

Sobre la tracción, el modo 4WD es claramente pesado para la ciudad y solo lo recomendamos cuando realmente sea necesario. Lo mejor siempre es el modo de tracción delantera o el automático, especial para el modo Sport, entregándonos seguridad a la hora de tomar las curvas. Esto se percibe en carretera, con el sistema de torque vectoring ayudándonos a morder más los puntos internos y a la estabilidad general, repartiendo algo de torque al eje trasero.

Conclusión

Las ideas locas se alaban. Le dan personalidad y carácter a un auto, empujan a la marca a pensar fuera de los márgenes y derribar paradigmas, esencial si queremos avanzar en innovación. El Juke es un ejemplo claro de un experimento hecho realidad y que debe ser uno de los primeros crossovers compactos, un antecesor del segmento que hoy en día se toma con ganas los parques automotrices de todo el mundo.

Sin embargo, todos estos experimentos tienen su riesgo, sus sacrificios y es de lo que pecan algunos crossovers deportivos, que tratan de hacer muchas cosas y no son tan buenos en todo, como el Juke, que trata de ser muy deportivo, pero se queda corto, trata de ser un crossover, pero no es muy práctico. Quienes quieran un modelo similar en Nissan, tendrán que esperar al Kicks, juvenil como el Juke, pero más centrado en su propuesta.

Por otro lado, al Juke le pesan los años y se nota. Sumado al alto precio de la versión Turbo ($17,190.000) preferiríamos quizás una versión sin tracción y con caja manual, o derechamente un modelo más sencillo, pero de un precio que se condiga más con su equipamiento.

Si el Juke fuese una frase, seria del tipo “Si te gusto, bien. Si no, también”. Dentro de su ambigüedad, hay honestidad y eso refuerza su concepto alternativo.

Galería Test Drive: Nissan Juke 2017

Test Drive: Nissan Juke 2017

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